Pamela Castro Araya

Padecer depresión era para mí vivir sumergida en un profundo pozo sin luz ni calor. Era haber perdido toda esperanza y sentido de la vida. Respirar con dificultad, convivir con la pena, consumirme en la angustia, no valorarme y sólo pensar en dormir para no despertar. En ese estado la vida puso en mi camino a Francisco. Llegué a él recomendada por mi cuñado y después de haber sufrido una severa crisis de angustia.
Claramente, el haber confiado en sus prácticas sanadoras marca un antes y un después de mi postura ante la vida. Francisco reforzó mi autoconfianza, equilibró mi nivel energético general, reforzó mi nivel de independencia emocional y la adquisición de una posición sólida y segura ante la vida, curando el alma y las dolencias del cuerpo.
Hoy tengo la convicción profunda de que puedo lograr lo que quiero. Que puedo servir a los demás, sintiendo pasión y convicción por lo que hago. Me siento bendecida y serena.
La terapia sanadora de Francisco es una oleada de aire puro y fresco. Es recuperar los colores desteñidos para aprender a vivir la profunda e inmensa simpleza del amor y la fe.

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